Gabriel García Márquez tenía 63 años cuando nació Indira Cato, su hija recientemente conocida


 

El mundo literario entró en estado de conmoción al conocer la noticia revelada por el diario cartagenero El Universal, sobre la hija de Gabriel García Márquez de la nunca se conoció nada sino hasta siete -casi ocho- años después de la muerte del Nobel de literatura.

Indira Cato es el nombre de la hija del colombiano, y similar a su padre biológico, tuvo gusto por las artes, al punto de ser una de las productoras más importantes del cine mexicano. De hecho, dentro de su palmarés destaca la realización del documental ‘Llévate mis amores’, que retrata la camaradería de un grupo de mujeres que se ubican justo a un lado de la carrilera y, a pesar de sus carencias, deciden compartir una parte de lo poco que tienen con migrantes que cruzan la frontera hacia Estados Unidos a través, precisamente, del tren que por allí pasa y que es conocido como ‘La bestia’, pues en el camino muchos mueren o quedan mutilados.

En total, la producción audiovisual ha sido laureada 15 veces, y estos reconocimientos han hecho que Cato tenga un alto prestigio dentro del séptimo arte en ese país; ahora, tras el conocimiento público de su parentesco con Gabo, su nombre es más conocido en el mundo, hecho que desemboca en averiguar el trabajo artístico realizado por la cineasta.

Por estos días, Indira cumple 31 años, lo que quiere decir que al momento de su nacimiento, García Márquez contaba con 63 años. Con respecto a la madre, Susana Cato, es una reconocida escritora mexicana, 33 años menor que el nacido en Aracataca (Magdalena). Sin embargo, no fue en aquel país donde se conocieron, sino que el encuentro furtivo dio origen en Cuba.

Ocurrió en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, institución creada, justamente, por García Márquez y que contó con el apoyo de su amigo, Fidel Castro. Allí escribieron juntos varios guiones para cine, y en medio de su relación, Cato lo entrevistó para una publicación colombiana. Incluso, el periodista Gustavo Tatis, sostiene en su extensa nota de El Universal que posiblemente doña Mercedes Barcha intuyó ese romance, pero hasta último momento lo mantuvo en secreto, al igual que Gabo, quien se llevó ese secreto -ahora público- a la tumba.

“Era inevitable: el dolor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados”, se lee en los dos primeros renglones de El amor en los tiempos del cólera (dedicado “A Mercedes, por supuesto”), pero contrario a lo que se pueda pensar, la relación entre el nobel y la mexicana no fue contrariado y mucho menos abrupto, pues luego de su primer encuentro en Cuba, vendría una seguidilla de reuniones que conformaron su romance.

En 1991, un año después del nacimiento de Indira, Susana se reencontró con Gabo para colaborar en la película ‘Con el amor no se juega; y cinco años después, ella lo abordó para una entrevista que posteriormente fue publicada en la revista Cambio.

Incluso, y de acuerdo con el periodista Daniel Coronell, varias amigas del escritor confirmaron que conocían la existencia de Indira, y que en diálogo con Tatis Guerra, este le indicó que, “un poquito antes de la muerte de Gabriel García Márquez me llegó el rumor, y a lo largo de estos ocho años, el rumor me perturbaba y verifiqué si la información era cierta”, evitando la especulación y respetando las memorias tanto de García Márquez, como de su esposa, de Susana y de Indira Cato. Fue por ello que la noticia se dio a conocer después del fallecimiento de doña Mercedes.

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